Capítulo 39 Quiero ser la dueña de mi propio destino.

El placer fue como un rayo fulminante. El ritmo se volvió acelerado, firme, rápido. 

—Eso es, preciosa... siénteme —gruñía Oliver.

Él bajó su mano para acariciar su centro en sincronía con cada embestida profunda, intensificando el incendio hasta que Aria no pudo más.

—¡Oliver ya no resisto…! Ahh...

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