Rafael Martínez

Tan pronto como entro a la casa, escucho el inconfundible sonido de patas corriendo para saludarme. Nuestros tres perros aparecen al segundo siguiente y, después de empujarse entre ellos para recibir algo de cariño detrás de las orejas, se dirigen de vuelta a la cocina de donde vinieron.

Los sigo d...

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