CANAL 123

—¡Lukas!— Llamé a la puerta. —Lukas, ¿puedes oírme?

Otro grito de dolor, agudo e inconfundible, atravesó la delgada puerta de la habitación del dormitorio, cortando el eco persistente de los gemidos. Mi dolor anterior desapareció, reemplazado por una oleada de pánico puro y sin adulterar.

—¡Lukas!...

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