Capítulo 34 UN PRETENDIENTE VALIENTE

Al alzar la vista hacia la ventana del primer piso, descubrió las siluetas de Carmen y Manolo espiando tras los visillos del salón, haciéndole gestos eufóricos para que cogiera las flores.

—Pepo, te agradezco los claveles —interrumpió Priscila, esquivando el ramo con la agilidad de un torero—, pero...

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