Capítulo 59 ATRAPADA

A dos kilómetros del convento, el viento frío de la sierra azotaba las copas de los pinos. Priscila caminaba a paso apresurado por la orilla de la carretera, sujetando con una mano la correa de su gastada maleta de tela y con la otra protegiendo la curva de su vientre bajo el hábito.

Las lágrimas l...

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