Capítulo 2 2: aburridas monjas

—Si tienes razón en eso —le miente a su novio, se pone en pie para tomar sus prendas —. Debo ir al instituto antes de que Livia salga de sus clases.

—No creo que te diga nada por todas tus escapadas.

—No lo sé, es una chica muy tranquila. Quizás se escandalice mucho si se entera que me salto las clases para ir a follar con mi novio.

—Pamela, tendrás que acostumbrarte a follar en mi coche, este hotel queda muy lejos y encima que no puedo estar gastando tanto dinero cada vez que andes de calenturienta.

—Si nos pillan follando en tu auto tendremos muchos problemas.

Ray termina por vestirse para luego tomar las llaves del coche y encaminarse a la salida.

—Sé muy bien donde podemos follar sin ser descubiertos.

Ella observa a su novio con el ceño fruncido.

—¿De qué mierdas hablas? ¿Acaso has ido a esos lugares sin mí?

—No seas tonta, por supuesto que no, solo que los chicos me han contado.

—Y por tu bien espero que sea verdad —la joven pasa a un lado de él haciéndole saber que se encontraba molesta.

—¡Mujeres!

[…]

Distraída en aquel cronograma que era complemente nuevo para ella, Livia frunce el ceño a percatarse de que tenía previstas algunas materias que eran por la noche. Tuerce los labios puesto que no le agradaba mucho tener que ver clases de noche.

Suspira profundamente al tener que aceptar su situación, aunque no le gustase para nada. Mientras que continúa mirando el horario la joven rubia choca de bruces con el pecho de alguien que la hace tirar todas sus pertenencias.

Livia mira sus cosas personales en el suelo y procede a agacharse.

—Lo siento mucho…—ella oye, más no levanta la mirada.

—No te preocupes —responde con fastidio, en eso observa que unas fuertes manos comienzan a agarrar sus cosas que la lleva a levantar la mirada para toparse con unos ojos bastante grises y brillantes. 

—No me he fijado. Lo siento tanto.

Ella parpadea al mirar aquella mirada tan penetrante que hasta se le olvida que estaba recogiendo sus cosas.

—Creo que esto es todo —ella parpadea varias veces al mirar las manos de aquel extraño, en ellas llevaba todas sus cosas, con algo de dudas recibe todo para luego ponerse en pie.

—Venia distraída.

—Bueno, creo que no falta nada. 

Ambos se observan un momento y en ese instante ella siente un pequeño hormigueo en su interior. De hecho, aquel cosquilleo se encontraba situado en la parte baja de vientre y ella piensa que eso no es posible.

—Debo irme…

Sale corriendo pasando a un lado de aquel hombre para alejarse todo lo posible de él, por el camino iba pensando en aquella minúscula sensación que su cuerpo experimento. Por dentro iba negando una y otra vez.

Hasta que de pronto vuelve a chocar de bruces con alguien más.

—Livia, ¿pero qué rayos te pasa? —ella observa a su prima.

—Pamela…

—¿Por qué carajos vienes corriendo? ¿De quién huyes?

—No, de nadie.

—¿Y porque estás roja?

—¿Yo? —se toca las mejillas —. No, no, yo no…

Pamela frunce la mirada, pero ignora por completo a su prima. Era una chica un poco extraña, quizás se debía porque sus padres intentaban sacarle de la cabeza que se metiera en un convento. 

Por esa razón vivía en su casa, sus padres la enviaron con sus tíos para que estudiara en una buena universidad y se le saliera la idea de ser una monja. Pamela pensaba que ¿Quién quería ser monja en esos tiempos?

—Bien, ¿ya has terminado?

—Sí, ya no tengo más clases.

—En ese caso debemos irnos ya, se hace tarde.

—Si.

Livia camina detrás de su prima, pero algo le dijo que mirase hacia atrás. Al hacerlo ella ve a lo lejos a aquel hombre con el que choco, desde la distancia podía notar que era muy alto y fuerte.

Ella parpadea al vislumbrar que hablaba con un profesor, parecía muy serio, en eso repara que él no tenía atuendo de ser un estudiante. Pero, quien era ella para pensar algo diferente, en esa universidad existían alumnos de muchas edades.

En eso ella observa que él voltea únicamente la mirada y es cuando ambos contactan sus ojos una vez más. Livia regresa la vista al frente sintiendo que su corazón comienza a latir frenéticamente.

Traga saliva y apresura el paso, no deseaba sentir que ese hombre la estuviera viendo. Era extraño, pero la hacía sentir inquieta.

—Apresúrate.

—Si ya voy… Pamela, hoy no te he visto en tus clases, ¿Por qué? —la castaña se tensa.

—Me sentí un poco mal, estuve gran parte del tiempo en el baño.

Livia guarda silencio ante la respuesta de su prima, a ella le resultaba muy extraño, Pamela siempre se ausentaba mucho en sus clases. De hecho, a duras penas se le veía tomando sus clases.

Ella comenzó a pensar que no estaba asistiendo a la universidad, sin embargo, era un asunto que no le concernía.

—¿Por qué querías ser monja? —Pamela le pregunta a Livia luego de poner su coche en marcha —. No entiendo cómo es que deseabas ser monja, es tan aburrido.

—Es algo que quiero hacer.

—Pero mis tíos no quieren que seas, deberías hacerles caso.

—No pueden obligarme para siempre a estudiar en una universidad.

Pamela frunce los labios.

—Livia, ¿tú eres virgen? —la joven rubia mira a su primera toda avergonzada —. No me mires de esa manera, es una pregunta normal entre mujeres, ¿no lo crees así?

—Nunca hable de eso con mis compañeras.

—Es porque ellas son unas aburridas monjas y yo no lo soy.

—Eran novicias.

—Da igual, que no te de pena, respóndeme. Soy tu prima a nadie se lo diré.

Livia pensó que eso era algo muy privado de ella, pero Pamela era su prima y hasta los momentos era su única amiga.

—¡Si, lo soy!

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