Capítulo 3 3: estas un lío
Dante escucha atentamente a su colega ante él, el tema de conversación era bastante aburrido sin embargo era un hombre que no era grosero y mucho menos de hacer desplantes a nadie. Así que allí estaba escuchando a su compañero conversar sobre una nueva clase que le toco ese año.
Pero a pesar de escuchar una harta de locuras, Dante tenía la mente en otra parte. El pelinegro sonríe disimuladamente al mirar de reojo hacia la salida de la institución. Luego regresa la vista hacia su colega y vuelve a suspirar internamente.
[…]
Pamela guarda silencio mientras que conduce el coche de regreso a casa, ella sospechaba que su prima era virgen, pero no creyó estar en lo cierto. Pero si lo pensaba detenidamente, era más que evidente que Livia fuese virgen ya que pretendía ser monja.
—¿De verdad quieres ser una monja?
—No es tan malo como crees.
—¿Qué hay de los novios? ¿Un beso? ¿O ese cosquilleo que sientes cuando un chico te gusta?
Livia permanece en silencio antes todas esas preguntas, parpadea reiteradas veces justo cuando recuerda esa mirada grisácea que la perturbo por completo. Se pregunta porque pensó justo en esos ojos.
No tenía sentido.
—No necesito nada de eso, no estoy interesada en chicos.
—De acuerdo, pero déjame decirte que tú te lo pierdes querida prima.
Ella no lo miraba de ese modo, la joven rubia observa por la ventana sintiéndose un poco mal por no poder continuar con su vocación. Sus padres eran muy estrictos y no aprobaban su decisión.
Pero Livia lo deseaba con todas sus fuerzas.
[…]
Esa mañana Livia se encontraba completamente perdida, por más vueltas que le diera al horario no conseguía la estúpida aula de clases. Aquella universidad era como un laberinto.
—¡Cielos! Estoy perdida y llegare muy tarde a la clase —se queja enfurecida, odiaba aquella institución a la que sus padres la obligaron a ingresar.
Camina por el corredor notándolo un poco desolado, frunce un poco el ceño al percatarse de que mientras avanzaba más los estudiantes iban desapareciendo. Hasta que se detiene y piensa que quizás aquel no era el camino a su aula.
—Tendré que regresar y buscar a Pamela.
La idea de molestar a su prima no le gustaba, pero era la única que se conocía a aquel lugar. Y bueno, esperaba tener suerte y encontrarla… Livia camina de regreso, pero antes de seguir vislumbra una puerta con unos dígitos que se parecían muchos a la de su aula.
Revisa una vez más el horario percatándose que era la misma aula.
—Siii, la he encontrado.
Apresura el paso para no entrar tan tarde, con confianza abre la puerta entrando inmediatamente en ella. Livia se detiene abruptamente mientras que sus ojos se dan cuenta de la presencia de una persona.
De hecho, era la única persona allí.
El corazón de Livia casi explota en miles de pedazos. Ella traga saliva en seco al mirar nuevamente aquella mirada grisácea observarla fijamente.
—¡De nuevo nos vemos!
—Lo siento —tartamudea.
Ella ve como aquel hombre se pone en pie, apaga un cigarrillo contra el escritorio para luego terminar sentado en el mismo y continuar viéndola.
—¿Eres de esta clase? —Dante introduce las manos en sus bolsillos mientras no aparta la mirada de esa chica.
—Creo… creo que sí.
—¿A si? —frunce la mirada, la verdad es que parecía bastante perdida y eso le causaba mucha curiosidad —. ¿Estás segura?
Ahora que se lo preguntaba ni ella estaba tan segura de eso, Livia baja la mirada para ver el horario en sus manos. Era la misma aula, no entendía porque se encontraba sin estudiante y únicamente con aquel hombre.
—Es lo que dice mi horario.
—Muéstramelo —ella ve como él extiende su brazo, Livia se percata de aquellos brazos que la hace sentir inquieta.
Sin embargo, ella camina hacia él con todos y sus miedos para entregarle la hora, en lo que él la toma lo ve como la revisa detenidamente.
—Estas muy lejos de tu clase… mmm Livia Hamel—la rubia ensancha la mirada al escucharlo pronunciar su nombre, ella olvido por completo que en la hoja se reflejaba su nombre.
—¿Qué quieres decir?
—¿Por qué estás en este corredor? —Dante se inclina hacia ella abarcando casi todo su espacio personal—. No me explico que puedes hacer por aquí.
Livia traga saliva en seco ante la extrema cercanía de ese extraño, pero aun así ella no se apartó, ¿acaso estaba loca?
—No entiendo.
—Estas en el ala equivocada de la universidad —de pronto le muestra el horario señalando con su dedo que ella se encontraba en el lugar incorrecto de la institución —. Existen dos alas en esta academia y el aula que buscas se encuentra del otro lado.
—Entonces…
—Entonces vas a tener que caminar mucho de regreso y a juzgar por la hora de entrada y el profesor que te asignaron no lograras entrar jamás. Y si logras llegar créeme que perderás la clase.
Dante observa esa cara de ángel y aquella mirada de preocupación que le provoca compasión. Era una niña muy hermosa, situación por la que nunca había pasado en esa universidad.
El pelinegro baja la mirada hacia esos labios rosados y un poco agrietados, era evidente que no llevaba ni una pizca de maquillaje encima. Sus mejillas coloradas eran naturales y esa piel tan tersa era cautivadora.
—Me parece que estas en un buen lío —Livia observa fijamente la mirada de ese hombre que le inmoviliza el cuerpo de inmediato—. ¿No te parece Livia? —Dante roza los labios de ella con el pulgar.
—¿Qué? —responde con un hilo de voz.
—Que estas en un buen lío…—desliza el dedo por el centro de sus labios logrando entre abrirlos un poco hasta ver los dientes d ella —. O quizás sea yo quien esté en un buen lío.
