Capítulo 4 4: me la pienso chupar
Livia parpadea, se encontraba como en trance. Solo sabía respirar en esos momentos y nada más.
Dante sonríe de medio lado al mismo tiempo que se aproxima lentamente a los labios de Livia, en cuanto roza su boca con la de ella siente que la rubia se sobresalta, pero el muy astuto toma su cuello con la mano para impedir que se alejara de él.
En ese momento prueba aquellos labios rosados y agrietados, no más al tocarlos, el pelinegro cierra los ojos justo cuando su lengua invade el interior de la boca de Livia. Se encorva considerablemente ya que ella era bastante pequeña para él.
Envuelve su estrecha cintura con uno solo de sus brazos hasta apretar el cuerpo de Livia con el suyo. Ella ni siquiera lo estaba tocando, de hecho, no le respondía al beso. Al separarse un poco de ella abre los ojos para ver aquella expresión de vergüenza reflejada en su mirada.
Pero ella no abrió los ojos, simplemente se quedó así en la misma posición en la que fue besada. El pelinegro frota sus húmedos labios con el dedo esperando que ella abriera los ojos y lo mirase.
—Livia —musita muy bajo.
Ella continuaba sin mirarlo, era como si estuviera en otra dimensión. Lo que le hizo atreverse a arrastrar su frágil cuerpo al escritorio, termina por sentarla en la mesa de madera hasta lograr separar sus muslos y meterse en medio de ambos.
Sujetando a la rubia por la cintura con un brazo y con el otro sujetándola por el cuello, Dante vuelve a apoderarse de sus labios, pero en aquel momento toma a Livia por el mentón. Besa su boca volviendo a sentir que ella da un respingo.
El pelinegro aprieta su cintura un poco y con aquello consigue estrechar ambos cuerpos. Lentamente una de sus manos desciende hasta la curvatura de su cadera, desciende un poco más hasta alcanzar tocar el muslo de Livia.
Él no dejaba de besarla mientras que poco a poco deslizaba su mano por el muslo de ella, ese día llevaba una falda de pliegos, era extraño ya que ninguna estudiante utilizaba ese tipo de vestuario en la universidad.
No obstante, él no se quejó ya que le facilitaba todo.
Separa un poco sus labios de los de Livia justo cuando logra sentir la piel de su pierna, Dante relame sus labios al notar que la boca de ella se encontraba levemente hinchada.
—Livia, quiero que me mires.
—¿Eh? —responde como si de verdad no estuviera allí.
—Solo abre los ojos para mí.
La rubia obedece a duras penas ante aquel mandato, la verdad es que no entendía lo que estaba ocurriendo, pero lo que estaba experimentando la transporto a otro mundo del que no lograba salir.
En cuanto ella abre los ojos observa una mirada llena de poder, esos ojos grises la hipnotizaron nuevamente. Eran tan cautivadores y ese jodido brillo que denotaba peligro le resultaba tan… tan…
Es que ni ella misma sabía lo que resultaba.
—Tu…
—Así, prefiero que me veas a los ojos.
Poco a poco Dante comenzó a deslizar sus dedos por la suave piel de su pierna hasta localizar la liga de su pantaleta al costado. En cuanto la siente empieza a realizar el descenso de la misma.
Suavemente eleva el culo de Livia para ir bajando la prenda sin apartar la vista de ella, sujeta su cuerpo con un solo brazo y hasta que la pantaleta no la saco por su tobillo él no desistió. Dante muerde levemente sus propios labios cuando decide llevar la mano por el centro de los muslos de Livia.
Sus habilidosos dedos frotan el coño de esa chica con delicadeza y no más al sentir la carne de sus labios exteriores se percata de que ella se encontraba empapada. Él ensancha un poco la mirada ya que siente que su erección rompería sus malditos pantalones.
Aprieta la mandíbula al saber que una vez que meta uno de sus dedos dentro del cuerpo de esa mujer se perdería. Sin embargo, le importo una mierda las consecuencias y avanza con su cometido.
Mete el dedo medio entre los pliegues de la vagina de Livia.
—¡AAHHH! —ella jadea fuertemente como si estuviera obteniendo un orgasmo.
Dante relame sus labios con hambre en cuanto siente la extrema humedad del interior de la vagina de Livia.
—Mierda, pero que mojada estas —gruñe al mismo tiempo que la sujeta del mentón —. Me gustan las mujeres que se mojen así.
El pelinegro percibe que la mirada de Livia se cristaliza y no era precisamente por lágrimas, ella estaba completamente excitada. Era un nivel de excitación que ni él mismo hubiera presenciado en otros tiempos.
—¿Deseas más que mis dedos? —musita contra sus labios —. ¿Quieres más?
—Por… por favor… por…—Livia traga saliva en seco.
¿Qué era todo aquello? ¿Por qué ese hombre le estaba tocando su sexo? ¿Por qué le hacía eso? pero sobre todas esas preguntas, ¿Por qué ella sentía que le gustaba? ¿Por qué lo gozaba?
Era tan extraña esa sensación, pero a la vez tan deliciosa… le hacía agua la boca, era inexplicable, pero ella deseaba más y sabía que eso estaba mal. Era incorrecto lo que estaba haciendo con ese extraño.
Livia muerde sus labios mientras que suaviza la mirada en cuento siente que él profundiza un poco más ese dedo.
—¡Ahh! —jadea, aquellos gemidos estaban fuera de su control —. Por favor…—Livia se aferra a los brazos de ese hombre, pero su idea era intentar que se alejara, pero él era como su debilidad.
Dante observa esas mejillas coloradas y aquella debilidad a flor de piel que termina por retirar los dedos del coño de Livia, lleva la mano a su boca siendo objeto de mirada de esa rubia. Luego se apodera de los labios de ella para besarla con ferocidad.
Y así mismo como la beso, la libera para agacharse, Dante abre los muslos de Livia para ver aquel hermoso, pequeño y muy rosado coño de esa chica.
—¡Oh, mierda! Esto es posible…
La vagina de Livia era pequeña, esos labios que cubrían la abertura de su intimidad eran tan rosados y tiernos que su boca se hizo agua en segundos.
—Joder, sí que me la pienso chupar.
