Capítulo 5 5: me tengo que ir
Ella se encontraba en una especie de trance, todo lo que estaba sucediendo no estaba bien. Aquello era incorrecto, tener a un completo extraño entre sus piernas no era para nada decente.
¿Qué clase de mujer era?
Sin embargo, ver a ese enorme musculoso hombre inclinarse hacia su vagina la enloqueció. No pensó que era incorrecto, cuando el toco sus piernas desnudas ella pensó que era la gloria. Tanto que tumbo su cuerpo espontáneamente sobre el escritorio.
Abre sus piernas sin saber bien lo que estaba dejándose hacer y es cuando siente que algo muy húmedo y bastante tibio roza su coño que la lleva a intentar cerrar las piernas.
—¡No! —ella escucha decir provocando que alzara la cabeza y cuando lo hace se da cuenta que el cabello negro de ese hombre era lo único que podía ver entre sus piernas.
—¿Qué hace?
Pero no recibió respuesta a cambio de eso su coño es golpeado con un fuerte sorbete que la hace inclinarse toda hacia atrás, arquea su cuerpo y abre esas piernas. Livia abre los ojos al mismo tiempo que se sujeta del borde del escritorio.
—Por dios, ¿Qué me estás haciendo?
Sus labios se entre abren, frunce la mirada y aprieta el borde de la mesa con fuerza. Sus muslos se tensan al sentir como ese hombre juega con su sexo.
—Debes parar —suplica entre jadeos.
—No lo creo…
Ella pudo oír esas palabras provocando que su cuerpo le subiera la temperatura rápidamente, Livia muerde sus labios justo cuando siente un pequeño piquete en su coño. Le produjo dolor, sin embargo, ella no objeto.
Sus piernas fueron abiertas un poco más y solo lograba oír el sonido producido por la lengua de ese hombre.
¡Aquello era una completa locura!
Todo lo que estaba haciendo estaba muy mal, ella deseaba ser novicia, ¿Cómo es que estaba permitiendo que un hombre la tocara de esa manera?
Abre los ojos de nuevo al sentir un cosquilleo en la parte baja de su vientre, rápidamente posa una mano allí al darse cuenta de que la intensidad del hormigueo se hace intensa.
—Esto… yo…—gime con ganas.
Se aferra con lo que puede al borde de la mesa en cuanto la intensidad del cosquilleo se intensifica.
—¡Ahhhhh! —jadea, sus piernas se tensan tanto que ese pelinegro sube ambas sobre sus hombros —. Por favor, por favor —gime como chiquilla.
Frunce el ceño entre tanto su coño estaba siendo devorado, ese hombre lamia, sorbía y hasta mordía los labios de su vagina con tanta fuerza, pero a la vez con tanta delicadeza que ella se encontraba subida en una montaña rusa.
Cuando ya no puede soportarlo más, Livia decide entregarse a ese cosquilleo que burbujeaba en su vagina.
—¡Ahhhh! ¡Ahhhh!
Su pelvis se eleva un poco y de pronto una mano se postra sobre el consiguiendo que vuelva a permanecer acostada sobre el escritorio. En ese instante experimentaba un increíble placer que jamás en su vida se hubiera imagino sentir.
Dante sorbe la dulzura de ese coño tan pequeño y delicioso y se empalaga del mismo mas no se separa de él ni por un instante, Livia era deliciosa por ese coño. De hecho, toda ella era placentera y eso que aún no se la devoraba como era debido.
Con dos de sus dedos entre abre los labios vaginales de su coño para poder ver el interior rosado y palpitante de su sexo.
—Joder —musita al mirar todo rosadito por dentro.
Relame sus labios para luego pasar su lengua por aquel diminuto agujero, en eso oye a Livia gemir y hasta dar un respingo después del contacto de su lengua que lo hace soltar una risita perversa.
Sujeta a Livia por la parte baja de su culo de esa forma la acerca un poco más a su boca y chupa con ímpetu. Era como si estuviera besando unos labios, pero aquellos eran vaginales. Mete la lengua en esa hendidura y vuelve a sacarla.
—Por favor, detenteeeee—jadea mientras que abre un poco más sus piernas.
Dante obedece al mismo tiempo que se incorpora, se posiciona sobre ella percibiendo aquellas mejillas sonrojadas que lo llevan a sonreír un poco.
—¿No quieres más? —Dante posiciona una mano sobre el escritorio para sostener su cuerpo, mientras que con la otra toma un mechón de cabello de Livia —. ¿Agotada?
—No puedo seguir con esto —su pecho sube y baja, le faltaba la respiración a Livia.
—Pero si apenas estamos comenzando —aquellos cristales ojos azules lo miraron con susto y eso lo confundió un poco, sin embargo, se sintió tan cautivado por ellos —. ¿No quieres que siga?
Livia niega rápidamente, ahora que comenzaba a entrar en razón se daba cuenta de la gravedad del asunto.
—¿Por qué quieres que me detenga? ¿No te ha gustado? —la mano de Dante se deslizo del mechón de pelo hacia el montículo de su teta la cual sujeta desde la base.
—¡Ahh! —Livia jadea sin poder controlarlo, no obstante, coloca su mano sobre la de ese pelinegro atrevido —. No sigas, por favor —suplica con esa voz tan cargada de inocencia que las barreras de Dante se derrumban.
Él retira la mano para colocarla igual que la otra, sin embargo, continúo en la misma posición, sobre ella viéndola fijamente a los ojos.
—Me detuve Livia —la joven rubia traga saliva puesto que ahora no sabía que iba a hacer —. ¿Qué es lo que quieres hacer? —ella parpadea varias veces al mismo tiempo que siente que su corazón late frenético.
—Irme…—solo logra decir aquella palabra y la verdad es que fue algo obligado.
Sin decir una palabra más, Dante de incorpora luego la ayuda a sentarse, pero ella se pone en pie a paso veloz se viste mientras que él la observa.
—Livia…
—Lo siento, me tengo que ir.
—Espera—La sujeta del brazo, pero ella se libera ágilmente para salir corriendo del salón.
Dante no la sigue puesto que encontraría la forma de volverla a ver. Roza sus labios con la yema de los dedos rememorando lo que había vivido con esa chica.
—Mierda, sí que estoy jodido.
