Se desata el infierno.

—¡Cariño, tienes que irte! —dice Tony, agarrando mi rostro.

—¡No!

—Ven aquí, ángel, te subiré de nuevo y podrás salir sigilosamente por donde entraste —Luciano intenta alcanzarme, pero las cadenas en sus pies lo detienen.

—¡Dije que no! ¡Todos se vienen a casa conmigo, o no me voy a casa!

La pue...

Inicia sesión y continúa leyendo