Capítulo 168

Un pitido suave y rítmico me fue arrastrando de vuelta a la conciencia. Cerca, dos mujeres murmuraban; sus voces eran bajas y amortiguadas, como ecos a través de la niebla. El aire apestaba a antisépticos: penetrante, estéril, inconfundible. Estaba en una cama… una cama de hospital, supuse.

Los ojo...

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