Capítulo 50 Cincuenta y uno

Lo que me tranquiliza es que Dalia y yo llegamos después de la una a la residencia y por un milagro, la tarjeta nos dio acceso. No sé qué tan frecuente sea eso, pero si llego tarde, espero correr con la misma suerte.

A mitad del camino, el chofer suelta una maldición, pierde un poco el control del ...

Inicia sesión y continúa leyendo