Capítulo 82 Ochenta y tres

―¡Qué rayos te pasó!

La voz armónica y a la vez altanera de Marlene me sobresalta. Me separo del librero de un salto aun cuando sé que no estoy haciendo nada malo y me sonrojo. Desde el primer día que vi a Marlene me percaté de su belleza, tengo que reconocerlo, pero ahora que la veo ceñida en su v...

Inicia sesión y continúa leyendo