Capítulo cuarenta y cinco

Luna se inclinó y le dio unas palmaditas en el brazo.

—Ya no guardes sus secretos. Todos tienen que escuchar esto.

—Ese día no me tapé los oídos —susurró Cat—. Estaba ahí, debajo de esa mesa, escuchando cómo mi mundo se hacía pedazos. Mi papá estaba tan enojado. La llamó mentirosa, puta y asesina....

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