Sexo entre médico y paciente (3)

Cuando el dolor finalmente comenzó a disminuir, Hannah dejó de gemir y abrió los ojos. La realidad pareció volver a ella y golpearla directamente en la cara.

—¡Oh, Dios mío! —dijo, sacando las piernas de los estribos y cerrándolas con fuerza—. ¡Oh, Dios mío, no puedo creer que eso haya pasado! Lo s...

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