Mi esposa 024

—¡Sí, nena! Estoy metiendo mi dedo en tu bonito culo blanco—, se burló Nate. —Todas ustedes, esposas blancas, son iguales. Todas son muy correctas por fuera, pero todas se vuelven sucias cuando les juegan con el culo.

—¡Oh, Dios mío! ¡Esto es tan sucio!—, gimió mi esposa. —Por favor, para. ¡No pued...

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