Capítulo 4 4
La cabeza le martillaba, pero al menos pudo salir de ese infierno de periodistas, aunque eso de nada le serviría, no podía negar que la idea de último momento era buena pero no tenía como sostenerla, era el CEO de una enorme compañía que se dedicaba a impulsar actores, cantantes y modelos, por lo que no le fue difícil inventar un guion de último minuto, ahora solo le quedaba buscar una actriz dispuesta a ayudarlo a mantener su farsa.
Claro que Alexander Thompson no era el único en problemas esa mañana, ya que, en un pequeño suburbio de Los Ángeles, Sofía, trataba de salir por la escalera de incendios, no era la mejor idea, teniendo en cuenta que llevaba falda y tacones, pero ese era el uniforme de la empresa y por ningún motivo podía pasar por el vestíbulo del edificio, por lo que agradeciendo no matarse en el intento, coloco sus dos pies en el suelo del pequeño callejón, donde algunos vagabundos aun dormían.
— Bonitas piernas. — felicito un moreno de barba cana y Sofía lo vio sobre el hombro.
— Hoy no tengo ni un céntimo, lo siento. — el hombre ya mayor solo sonrió, antes de responder.
— No buscaba una limosna, solo digo la verdad.
Sofía sonrió incluso al correr tras el transporte, la última vez que alguien le había dicho que tenía algo bonito, fue hace seis meses, dos semanas y tres días, fue el día que Adrián se despidió de ella, “bonito trasero” le dijo, y ahora le parecía una frase tan tonta, le gustaría guardar en su memoria un “te amo” pero el muy tonto solo le alabo su trasero… si las personas pudieran saber cuándo morirían, seguro y pensarían mejores frases para despedirse de su ser querido y fue cuando la sonrisa se le borro.
— No llores, no lo hagas. — murmuro provocando que la señora que estaba sentada a su lado la viera raro.
Su vida había cambiado de un día para otro, en un segundo se creyó tener la vida perfecta y al siguiente cual burbuja de jabón, todo desapareció, Adrián ya no estaba, solo quedaban sus recuerdos, esos que había juntado en su corta vida marital de un año, esos que estaban ligado al pequeño departamento que, si bien no era un lujo, era suyo, era lo único que le quedaba.
Corrió tras el ascensor y se felicitó por poder alcanzarlo, su jefe no estaba de humor últimamente y con toda razón, llevaba año y medio trabajando allí, y le parecía un buen hombre, con una víbora como esposa… corrigió ese pensamiento, esa no era ya su esposa, ese era el motivo por el cual el pobre hombre estaba que se lo llevaba el diablo y si eso sucedía, a ella también se la llevaría el diablo.
— No puede ser. — murmuró cargada de pánico al ver al abogado del banco de pie frente a su escritorio, justo detrás de su jefe, el cual no se veía muy contento al despedirse del abogado de la ex señora Thompson.
— Señora Jonhson. — la llamo su jefe y en simultaneo el abogado del banco también la llamo.
— Señorita Anderson. — Alexander lo vio con intriga y Sofía con molestia.
— Buenos días, señor Thompson. — saludo primero a su jefe, para luego tomar con brusquedad el sobre que el abogado del banco tenía en las manos. — Señor Dalton, le recuerdo que el plazo aun no vence y no tiene derecho a venir a molestar a mi lugar de trabajo. — Alexander noto el nerviosismo en su secretaria, mientras su mente se ponía a trabajar, ¿acaso las migrañas eran señal de demencia o Alzheimer? ¿Cómo se equivocó en el apellido de su secretaria?
— Si lo tengo señorita Anderson, como dice el documento es de carácter urgente, ya que al parecer su desalojo es inminente, y como no responde a mis llamadas y se niega a recibirme escapando por las escaleras de incendio. — las mejillas de Sofía enrojecieron y sus ojos se fueron directo a su jefe, seguro y la despedía, claro que sí, él no toleraría más problemas de los que ya tenía.
— Bien, muchas gracias, ya puede irse. — se apresuró a decir, sin atreverse a negar el hecho de que ella huyera por las escaleras de incendio.
— Sí, claro, solo necesito su firma. — nuevamente arrebato la hoja que el abogado Dalton le mostraba y coloco su firma, sin ser consiente que su jefe observaba con sumo interés todo aquello.
