46. Sal de la habitación

Se levantó y se sentó en la cama.

—Ponte la ropa —ordenó.

—¿Por qué? —pregunté, sorprendida por su repentino cambio. —¿No soy lo suficientemente buena? ¿No quieres tener sexo conmigo?

Él suspiró.

—Quiero hacerlo contigo más que nada. Eres más que suficiente —dijo.

—Entonces, ¿qué pasa? —pregunté.

—Q...

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