59. Confesando sus sentimientos

—¡Ronnie! —grité su nombre antes de poder pensar en otra cosa. Corrí hacia ella y la tomé en mis manos. Ya estaba desmayada cuando logré alcanzarla.

La llevé suavemente a la cama y la acosté. Estaba ardiendo en fiebre y sentí una alarma recorrerme. Inmediatamente tomé mi teléfono y marqué el número...

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