Capítulo trece: La maldición

Kael

Inquietante.

Esa era la única palabra que encajaba.

La pequeña rubia invadía mi mente como humo colándose por las grietas, imposible de expulsar. Se deslizaba en cada rincón silencioso, dando vueltas en círculos dentro de mi cráneo, royendo mi disciplina hasta hacerla astillas.

Había hecho ...

Inicia sesión y continúa leyendo