Capítulo dieciséis: La presa y el cazador

Kael

Después de mi charla con Rhea, la dejé escurrirse lejos.

No muy lejos, nunca demasiado lejos, pero lo suficiente para que creyera que tenía espacio. Lo justo para que pensara que podía respirar sin mi sombra pegada a cada centímetro de ella.

Me quedé atrás, en la oscuridad, donde prosper...

Inicia sesión y continúa leyendo