Capítulo treinta y seis: La tormenta interior

Kael

Un relámpago partió en dos el cielo nocturno, ráfagas dentadas cruzando el horizonte, trazos azulados que iluminaron la ventana y recortaron su cuerpo en una silueta dura y nítida. Por un latido, la habitación no fue más que formas crudas y sombra: sus brazos alzados, sus pechos arqueados, la ...

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