Capítulo cuarenta y tres: La afirmación del lobo

Kael

Las luces de la ciudad se desdibujaban en líneas mientras exigía más al Aston Martin; cada músculo de mi cuerpo estaba tenso, cada nervio al límite. Apretaba el volante como si pudiera anclarme, pero la verdad era que me sentía a la deriva, vacío por dentro.

No debería haberla dejado ir ...

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