Capítulo cuarenta y ocho: Cuerdas en la oscuridad

Ivy

Las paredes de mi apartamento se cerraban sobre mí como una jaula. Me arañé la muñeca hasta que brotó sangre, las uñas pasando una y otra vez sobre la cicatriz tenue donde me habían incrustado el chip, como una marca de propiedad. Quería sacarlo. Sacarlo de mí, sacarlo de mi vida.

Un grito me...

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