Capítulo cincuenta y dos: Obediencia ciega

Ivy

Me mantuve casi todo el camino en silencio, con las manos entrelazadas sobre el regazo como un escudo. El zumbido del motor era constante, reconfortante a su manera, pero el silencio de Kael era más ruidoso. No se movía inquieto. No cambiaba de postura. Ni siquiera me miraba. Su concentración...

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