Capítulo 106 Casas y mallas

Pensé que Simón se enojaría conmigo, que terminaría nuestra amistad. En cambio, se levanta de inmediato y me envuelve entre sus brazos; su abrazo es cálido y firme.

—Te quiero —murmura en mi pelo, y un sollozo se me suelta en el pecho—. Y no es tu culpa. Nada de esto fue tu culpa.

Lloro por él y p...

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