Más caliente que el infierno

—¿Cuánto más caliente quieres que lo haga?— pregunté.

—Como el infierno— respondió ella, con un brillo travieso en los ojos. —Lo haré más caliente que el infierno—. Guiñó un ojo y mordió su labio inferior. La maldad en sus ojos era transparente, sus cuernos brillaban de un rojo ardiente mientras ag...

Inicia sesión y continúa leyendo