Olor cremoso

—¡Hueles a manteca de karité!— murmuré en su oído mientras nos balanceábamos juntos, encapsulados en nuestro propio pequeño mundo, como una pareja de porcelana encerrada en una cúpula de cristal. Estábamos tan cerca que su aliento calentaba mi cuerpo, y el mío hacía lo mismo con el suyo. Mis dedos t...

Inicia sesión y continúa leyendo