Capítulo 28 — Corazones encadenados

El aire en la pequeña habitación se había vuelto rancio. Las mismas cuatro paredes habían presionado contra la cordura de Giselle durante más de una semana, y hoy se sentían más sofocantes que nunca. La noticia le había llegado poco después del amanecer — llevada por una conversación en voz baja ent...

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