Capítulo 57 — El sabor de la ceniza y la sangre

Giselle yacía acurrucada en el frío y húmedo suelo de piedra, su cuerpo sacudido por una agotadora y dolorosa fatiga que no había disminuido en horas. El último hechizo le había quitado todo. Incluso respirar enviaba fuego lamiendo su pecho y costados.

Respirar dolía. Pensar dolía. Vivir dolía.

Su...

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