Capítulo ochenta y tres: La mañana siguiente

La luz de la mañana se filtraba por la ventana del dormitorio en rayos dorados, calentando las sábanas enredadas y los cuerpos envueltos en ellas. Rowan se movió primero, con el peso familiar de Giselle presionado contra su pecho, su respiración suave y regular.

Sus brazos se apretaron instintivame...

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