Capítulo noventa y siete: Esqueletos en las sombras

Rowan no se molestó en tocar la puerta.

Empujó la pesada puerta de los aposentos privados del Anciano Malric, los viejos goznes protestando con un gemido. El olor a hierbas rancias y pergaminos impregnaba el aire, espeso y mustio. El Anciano Malric estaba sentado en un escritorio, con la pluma en l...

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