Capítulo noventa y ocho: A través de la niebla

El calor se aferraba a su piel como una pesada manta, pero no era reconfortante—era sofocante.

Giselle parpadeó lentamente, sus ojos luchando por ajustarse al tenue resplandor dorado de la habitación. Las sombras danzaban en el techo, parpadeando al ritmo del aroma de hierbas quemadas y el incienso...

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