Ciento cinco

Para cuando llegó el viernes, ya estaba al borde de un colapso. Era como si estuviera teniendo un ataque de pánico continuo. Cada pequeño sonido en el trabajo me sobresaltaba. Cada golpe en la puerta, cada paso en el pasillo hacía que mi estómago se encogiera, como si Declan fuera a aparecer de repe...

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