Ciento siete

El aire en la sala estaba tan cargado que casi podía saborear la tensión. Mi pecho subía y bajaba rápidamente, cada respiración era superficial, cada nervio de mi cuerpo estirado como una cuerda a punto de romperse.

Declan estaba frente a mí, su rostro ensombrecido por el tenue resplandor de la lám...

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