Ciento treinta y uno

Los días después de ese almuerzo se desdibujaron unos con otros, en algo más suave, algo tan familiar. Nuestro viejo ritmo, nuestras viejas emociones.

No era solo una cosa, era todo. Esta lenta transición a la que ambos nos estábamos rindiendo. La forma en que la voz de Declan siempre bajaba de ton...

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