Ciento cuarenta y dos

Algo dentro de mí se rompió. Por primera vez en años, no estaba luchando. Ni contra él. Ni contra mí misma. Solo... respirando.

Extendí la mano antes de poder pensarlo dos veces, mis dedos rozando su muñeca.

—No sé cómo hacer esto —susurré, con la voz rota—. No sé cómo ser lo suficientemente valie...

Inicia sesión y continúa leyendo