Ciento cincuenta

Era casi demasiado tranquilo cuando Noah subió las escaleras esa tarde, con las mejillas sonrojadas de tanto correr con Charlie. Dejó su pequeña mochila junto al sofá y de inmediato se acurrucó en mi regazo, ya sin energía.

—Hola, campeón —murmuré, dándole un beso en el cabello. Olía a sudor, champ...

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