Ciento sesenta y ocho

La mañana siguiente se sentía... surrealista. Casi irreal. Como si estuviera en un sueño. Había soñado con esto, hace muchos años. Vivir con Declan, la habitación de nuestro hijo al final del pasillo. Claro, había sido diferente en mi sueño, pero no cambiaría esto por nada del mundo.

Me desperté en...

Inicia sesión y continúa leyendo