Ciento ochenta y dos

Una suave y perezosa brisa de verano levantó el borde de mi vestido mientras pisaba el sendero. El lago brillaba a lo lejos. Era un día brillante y hermoso.

Cassie apretó mi mano una última vez antes de que se abrieran las puertas.

—¿Lista?

Me reí nerviosa.

—Pregúntamelo de nuevo en un minuto.

...

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