Treinta y tres

Me paré frente al espejo, sosteniendo dos vestidos diferentes contra mi cuerpo, ambos ya arrugados por las numerosas veces que me los había probado.

Uno era de un verde intenso, sencillo, sin mangas y discreto. El otro tenía pequeños detalles de encaje en las mangas y me hacía sentir un poco más ac...

Inicia sesión y continúa leyendo