Treinta y nueve

La sala de conferencias del departamento olía a pintura. Probablemente la habían pintado recientemente, porque podía oler esos vapores extraños que te marean. Era uno de esos espacios amplios y sin ventanas que, de alguna manera, lograban sentirse tanto demasiado fríos como demasiado cálidos, depend...

Inicia sesión y continúa leyendo