Cuarenta y cuatro

La mañana después de la amenaza de Mara, me desperté con un nudo en el estómago. No podía quitarme de la cabeza la forma en que su voz había sonado al hacer esa amenaza tan calmadamente, como si solo fuera un asunto de negocios. Como si no me hubiera acorralado con algo que podría destruir toda mi v...

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