cincuenta y siete

La mano de Declan se cerró alrededor de mi muñeca. No fue brusco, pero sí firme, inflexible.

—Ven conmigo —dijo entre dientes apretados.

—Declan— intenté, pero él ya estaba caminando, llevándome por el pasillo. Me sentí agradecida de que esto hubiera sucedido en este pasillo vacío en lugar de en p...

Inicia sesión y continúa leyendo