Setenta y cuatro

CINCO AÑOS DESPUÉS

El fuerte pitido de mi alarma me sacó del sueño, un sonido que había llegado a odiar pero del que no podía prescindir. Me di la vuelta, silenciándola con una mano pesada antes de hundirme de nuevo en la almohada. Por un segundo, me permití flotar en ese espacio cómodo entre el su...

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