Noventa y seis

Ir a trabajar se sentía mal esa mañana. La oficina era demasiado brillante, demasiado ruidosa, cada pequeño sonido cortaba mi cabeza como una cuchilla. El zumbido de la impresora, la charla de dos becarios junto a la máquina de café, el murmullo de las luces del techo, todo era demasiado. O tal vez ...

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