Capítulo 2 #2

En ese momento Amy escucha el grito ensordecedor de su madre, la joven mira al frente y ve como su padre gira el volante de su coche bruscamente. La pelinegra queda en transe justo en ese instante de conmoción.

Todo pasaba como en cámara lenta, en esa fracción de segundos que su padre vira el coche Amy mira hacia su lado izquierdo observando como un enorme lobo negro se perdía entre la naturaleza, seguidamente todo su cuerpo comenzó a revolverse dentro del coche.

Aunque estuviera sujeta del cinturón de seguridad igualmente daba brincos dentro del vehículo mientras que este daba vueltas en la carretera. Ella pudo ver todo, más no lograba escuchar nada, era como si estuviera sorda.

Únicamente miraba el cuerpo de sus padres, la camioneta girar y luego… nada. Silencio total. No supo cuánto tiempo transcurrió, pero Amy logra pestañear un par de veces sintiendo algo caliente corre por su frente, luego de eso sus parpados se volvieron pesados y termino por cerrar los ojos.

[…]

Amy abre los ojos de golpe sintiendo una fuerte punzaba de dolor en su cabeza, la chica se lleva la mano a la misma y es cuando siente que algo envolvía su cabeza. Frunce la mirada y se toca con la otra mano.

—¿Una venda?

—¡Amy! —en eso escucha una voz familiar y alza la vista, ve un rostro familiar, pero no el que ella quería ver —. ¡Dios mío! Has despertado…

—¿Tía Camil?, ¿Qué estás haciendo aquí? —la mira insegura y algo asustada.

—¡Oh, querida! Mayor golpe te has dado —toca su frente.

En eso la pelinegra repara en su pierna y se da cuenta de que la tenía enyesada completamente.

—Por dios, ¿Qué es lo que ha pasado?

—Cálmate, llevas inconsciente un mes entero. Pero me alegra que hayas despertado.

Amy mira el rostro de su tía algo confundida por su actitud tan dócil, y un rostro que era igual al de su madre y eso se debía a que ambas eran gemelas.

—¿Dónde están mis padres? Nosotros tuvimos un accidente, yo recuerdo que… —se lleva ambas manos a la cabeza puesto que le comenzó a doler.

—No, no, no te fuerces. Llamare al doctor.

Ella traga saliva ya que siente mucho miedo de lo que estaban por decirle, mira su pierna y su respiración se hace rápida, los aparatos a sus lados comenzaron a pitar hasta que ingreso el doctor.

—Amy, cálmate por favor —el doctor actúa rápido acostándola de nuevo —. Sufriste una herida muy grave en la cabeza, no puede levantarte de golpe ¿de acuerdo?

—¿Dónde están mis padres? ¿Dónde están? Dígame que paso con ellos —sujeta al doctor por los brazos.

—El accidente fue grave, Amy. Hicimos lo que pudimos por tus padres, pero ninguno lo logro. Al llegar a la clínica fallecieron, lo siento mucho.

—No, no, eso no es cierto, no puede ser. 

—Debes calmarte. Ponerte en ese estado no te ayudara en nada.

La joven ve a su tía llorar en un rincón, jamás la había visto llorar en su vida y eso le confirmaba lo que el doctor le estaba diciendo.

—No es cierto, yo sigo con vida, ¿Por qué ellos no? ¡NO ES VERDAD! —grita tratando de pararse de la cama.

Las enfermeras entran en el cuarto y le inyectan un sedante.

—Necesito que estés tranquila, llevas un mes dormida y no pretendo que te pongas mal cuando has despertado al fin. 

—Mis padres… —balbucea hasta quedarse dormida.

—Doctor, ¿Qué es lo que pasara ahora? —pregunta Camil.

—Lo procesara poco a poco, le tomara mucho tiempo asimilar lo que paso. Pero con ayuda de sus seres queridos ella podrá superar la muerte de sus padres y seguir adelante. 

Camil mira a su sobrina y asiente, ella no tenía hijos, y esa niña era su única sobrina y pariente. Su hermana le había dicho que si algo le llegase a pasar en unos de sus tantos viajes dejaría la custodia de su hija a su cargo.

La mujer no estaba lista para hacerse cargo de una niña, por esa razón no tenía hijos. Baja la mirada y niega.

—¿Es su única pariente?

—Si.

—Cuando Amy salga de algunos exámenes de se le debe practicar la daré de alta si todo sale bien.

—Claro doctor.

—Por ahora, necesita mucho de usted.

[…]

Su tía rodaba la silla de ruedas por el corredor de la clínica, ella y Amy se dirigían a la salida en silencio no eran muy cercanas como para ir dándole a la conversación. Estuvo dos semanas más internada en la clínica por un problema en su riñón, pero cuando estuvo mejor la dejaron salir.

Con la pierna enyesada, Amy abandono el hospital. Su tía la ayudo a subir a la camioneta y las dos seguían sin decir nada.

—Quiero que me lleves a sus tumbas, por favor —pero fue Amy quien rompió el silencio.

—Deberíamos de ir a casa de una vez, recuerda que es muy lejos y…

—Por favor, necesito verlos. No pude ir a su funeral, al menos quiero despedirme.

Camil asiente y le ordena al chófer que se dirija hasta el cementerio.

La joven adolescente se despidió de sus padres con mucho pesar, con lágrimas en los ojos y sintiendo que su corazón estaría roto por el resto de su vida.

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