Capítulo 3 #3 miradas

Veía pasar los árboles uno detrás del otro atreves del cristal del coche, el otoño de ese año era verdaderamente hermoso. Ese contraste del color de las hojas de los árboles era precioso, Amy contemplaba el campo no con gran asombro ya que en su casa también lo admiraba cada año.

Baja la vista divisando su pierna, ya no estaba enyesada. Se había recuperado por completo de la misma, puesto que hace un año que había sufrido aquel fatídico accidente. 

—Estoy segura de que te ira bien en este lugar —le dice su tía, a lo que ella no le presta mucha atención que digamos. Vuelve a llevar la vista al campo.

Desde que fue dada de alta, su tía y ella vivieron por un tiempo en la casa de sus padres, por ser hija única heredaba absolutamente todo lo de sus padres. Se podía decir que era la adolescente más rica que existiera, pero eso no le importaba si sus padres no estaban con ella.

Sin embargo, tenía responsabilidades con el negocio familiar, pero por ser menor de edad su tía se haría cargo de todo. 

—Tengo muchas cosas importantes que atender, tus padres dejaron una gran cantidad de trabajo que no se puede dejar descuidado. Lamento mucho que tengamos que hacer esto, sé que no nos llevamos muy bien, pero es la única manera que se me ocurre de que estés bien y atendida.

—Ya te dije que no era necesario.

—¡Lo es!, tu madre me mataría si te dejara a la deriva. Vivir en esa casa en el bosque no era una opción.

—En un mes cumpliré 18 años, ya no soy una niña. Pudiste dejarme en paz en casa, allá me siento mejor.

—Sigues siendo una niña que no sabe mucho de la vida. Y sabes muy bien que yo no sé nada sobre como criar a nadie, por esa razón no tuve hijos. Además, no está bien que te quedes sola en casa, necesitas hacer amigos.

Amy gira el rostro y observa a su tía a su lado, era idéntica a su madre, hasta se vestían muy parecido, no obstante, no era su madre. Luego ve al chófer que siempre la llevaba al colegio, y termina por girar el rostro hacia la ventana.

—Solo quieres deshacerte de mí, es más fácil que seas sincera contigo misma o que mientas diciendo que te preocupas por mí.

Camil ensancha la mirada al escuchar aquellas frías palabras, desde que su sobrina y ella vivían juntas todo era un desastre total. Amy le contestaba la mayor parte del tiempo y siempre terminaba en discusión. 

No se la llevaban nada bien, a decir verdad.

—No hay razón para que digas una cosa como esa, cuando sabes bien que no es verdad. Ya hemos hablado de esto, así que no es necesario que te expreses de esa manera. 

—Te recuerdo que soy la dueña de todo lo que estas tocando, y cuando cumpla los 18 podre hacerme cargo de todo si me da la gana. Así que no me hartes tía.

—Bien, si quieres hacerte cargo de todo hazlo Amy Grey, sabes que no me importa. Por mi mejor, me libro de tener que viajar por todo el mundo resolviendo los problemas que tú deberías estar atendiendo.

—Sabes que no puedo hacerlo…

Contesta tan fríamente mientras seguía mirando por la ventana, las casas comenzaban a aparecer en la vía, eran residencias bastante bonitas y elegantes. 

—Entonces, no me colmes la paciencia con tus comentarios tan fríos y de mal gusto, por esta razón estamos haciendo lo que hacemos, no creas que lo hago para deshacerme de ti. Lo hago es para que tu mal genio desaparezca.

—Eso no va a pasar, no me interesa cambiar. Eres muy ilusa al pensar que llevándome a ese lugar conseguirán que yo cambie.

Camil mira a su sobrina con un poco de tristeza.

—Amy, tus padres llevan muertos un año. No deberías seguir con esa actitud solo porque ellos no están. La vida sigue, y tú debes hacerlo también. Tu madre era mi única hermana, no tienes idea de lo que se siente perder a tu gemela, yo también paso por momentos duros, pero sigo adelante.

—Somos muy diferentes.

La mujer pone los ojos en blanco.

En eso, el coche pasa frente a una enorme mansión que llama la atención de Amy. La joven entre abre los labios y se le queda mirando como embelesada a aquella residencia. Era bastante diferente a las demás casas, puesto que era más grande y el doble de lo elegante.

Sigue mirando la mansión por el vidrio de atrás del coche hasta que los árboles la cubrieron… la joven se sienta bien en el asiento mientras mantiene la mirada fruncida, luego esa casa nota que no hay más residencias, solo campo abierto y algunos árboles que daban sombra.

El coche dobla una redoma y es cuando la joven ve el levantamiento de un imperio, era el final del camino, y justo en esa loma se encontraba como una especie de palacio.

—¡Aaahh! Es toda una belleza, ¿no lo crees?

—Parece una prisión.

—¿De qué hablas? ¡Si es hermoso!

—¿Es un colegio o una cárcel a donde me has traído? —Amy mira su tía con cara de sarcasmo.

—Sí, ya sé que me hablas con sarcasmo.

El chófer les abre la puerta del coche y la pelinegra divisa aquel colegio ante ella, aplana los labios al ver donde pasaría el resto de sus años, unos que no esperaba que fuesen tantos. Su intención era estudiar algunos años y luego largarse.

Tomar las riendas de los negocios de sus padres no le interesaba mucho que digamos, no quería ser esclava de su trabajo.

—Bueno, ya estamos aquí. Vamos a ir a conocerlo ¿no?

—¿Tengo opción? 

—Dios mío, no puedo con tu actitud. 

Ambas caminan a la puerta principal del colegio, en cuanto entran son recibidas por una mujer de uniforme grisáceo, un peinado de monja y gafas. Se veía bastante estricta.

—Buenas tardes, soy la señora Irina. La directora del internado D. McBride un placer y que gusto recibirlas—la mujer sonríe, Amy nota que la señora no llevaba ni una gota de maquillaje en su rostro.

 —Hola, mucho gusto, me llamo Camil y esta es mi sobrina Amy.

—La señorita Grey, que bueno tenerla en nuestra institución. 

—Lamento no poder decir lo mismo.

Su respuesta provoco que la señora Irina dejara de sonreír a cambio miro a Camil quien moría de la vergüenza.

Capítulo anterior
Siguiente capítulo