Capítulo 5 #5 toda una rebelde
Era una hermosa chica de ojos azules, tenía ante él a la mujer más hermosa que hubiera podido ver en mucho tiempo.
Dimitri observa a la joven de piel clara, largo cabello negro y ojos azules. Sus labios rojos llamaban mucho su atención, ya que no llevaba labial o eso creía. Estaba en todo su esplendor natural, y eso le agrado.
—Disculpa, ¿te he asustado? No ha sido mi intensión hacerlo.
Ella lo ve con expresión de susto, luego detalla su atuendo y ve que iba perfectamente arreglado con un traje hecho a la medida. Luego detalla su rostro y se fija que era bastante atractivo, pero lo que más llamaba su atención eran sus ojos.
Eran de un color gris bastante extraño.
—¿Quién es usted? —da otro paso hacia atrás, aunque el hombre no se hubiera movido un milímetro.
—Me ha resultado curioso lo que has dicho antes, ¿te parece que estas en una cárcel?
—Sí, es lo que creo —él le dedica una sonrisa tenue.
—¿De verdad? Creo que eres la primera a la que le he escuchado decir una cosa como esa. Presiento que no te agrado que te hayan traído a este colegio.
—Está en lo cierto, ¿Quién es usted? ¿Qué está haciendo en este colegio?
Amy se cruza de brazos, si ese sujeto no le terminaba de contestar iba a salir corriendo. Dudaba mucho que fuese el padre de alguna alumna. Aunque podía serlo, no era un viejo, pero si se le veía que era un sujeto grande.
—¿Qué edad tienes?
< ¡Ay no! Amy corre, este es un pervertido>
La joven hace amago de salir corriendo, cuando ve a la señora Irina entrar en el jardín.
—Señorita Grey, ¿se puede saber que está haciendo? ¡Oh! Señor McBride —la mujer canosa se detiene en seco—. No sabía que se encontraba en el colegio —dice con sorpresa la mujer.
Amy vio como la mujer compone su ropa y parece algo exaltada y ansiosa, eso era extraño. ¿Y quién demonios era ese sujeto que no le quitaba los ojos de encima?
—Señora Irina, veo que hay una estudiante nueva.
—¡Oh, sí!, ella es la señorita Amy Grey —la mujer le sonríe —. Es la nueva alumna, empieza mañana.
—Ah, ¿sí?
—Ella es su tía, la ha traído. Él es el señor Dimitri McBride, es el dueño del internado.
—¡¿El dueño?!
Amy mira a ese hombre y se sorprende, no era muy joven para ser el dueño. ¿Y qué pasa con esa mirada inquisitiva? desde que la vio no le quitaba los ojos de encima, ¿era una especie de pervertido sexual?
—Amy, por favor —Dice su tía entre dientes—. Es un placer conocerlo, tiene un bonito internado —le sonríe Camil.
—Igualmente, y muchas gracias.
La joven pelinegra miraba con recelo al tal Dimitri, no paraba de preguntarse porque un hombre tan joven era el dueño de un internado de chicas. Ella esperaba un anciano o algo parecido.
—Espero que puedas integrarte bien en el colegio, Amy. Seas bienvenida a McBride—como ella no dice nada, su tía le da un codazo.
—Gracias —responde a duras penas.
Dimitri le dedica una mirada de soslayo a Amy para luego volver la vista al frente mientras pasa a un lado de ella. En cuanto él paso a su lado ella sintió una especie de escalofrió que invadió todo su cuerpo.
Se queda perpleja y petrificada en ese lugar, Amy retiene el aliento por un segundo y luego recuerda que tiene que respirar. Cuando suelta el aliento observa que los bellos de su cuerpo estaban todos erizados.
Pestañea varias veces para despabilarse, con valor, mira por encima de su hombro y ve como aquel hombre ingresa en el interior del colegio. Ella aplana los labios y se pregunta que fue todo eso.
—Bueno, ya han conocido al dueño tuvieron mucha suerte. Él no suele pasar mucho a esta hora por aquí.
—Me tranquiliza saber que este colegio es seguro.
—Por supuesto, puede dejar a su sobrina tranquila. Ella está en buenas manos se lo aseguro.
—Ya has escuchado Amy.
La pelinegra no responde, todavía sigue algo aturdida por la experiencia que vivió hace un momento con ese tal director. No sabía porque, pero no le daba muy buena espina…
Después de recorrer todo el colegio al fin Camil puede quedarse tranquila de que su sobrina estaba en buenas manos.
—Tía, no me quiero quedar aquí —le dice la joven a la mujer antes de que subiera al coche. La directora se encontraba en la entrada esperándola mientras ellas se despedían.
—¿Qué dices? Pero si es un buen colegio, ¿Qué de malo tiene?
—No me gusta, me da mala vibra. Búscate otro, te prometo que no me escapare.
—¿Estás loca? Sabes la fortuna que se pagó para conseguir una plaza en este internado.
—El dinero no es importante, no me quiero quedar aquí.
Camil observa la actitud de su sobrina y suelta el aliento.
—Escucha, vamos hacer una cosa, probemos al menos por un año para ver cómo te va; luego vemos que hacemos. Pero no me pidas que te lleve de regreso a estados unidos, no cuando tus cosas están en tu nueva habitación y todo está arreglado para que empieces mañana.
—Si me dejas, me escapare.
—Dudo mucho que puedas hacerlo, señorita. Recuerda que has faltado todo un año escolar a ti antiguo colegio, te pido que al menos lo intentes en este lugar.
—Esta escuela tiene algo que no me gusta, por favor no me dejes.
