Capítulo 1 PRÓLOGO

 JENNIFER

Es mi turno. Ahora los miembros del jurado deben estar dando sus apreciaciones a la chica antes de mí y dentro de unos minutos me tocará entrar, pero mis padres no han llegado.

   —Mamá será mejor que llegues ahora mismo o

no te lo perdonaré —la nota de voz se ha ido, meto mi teléfono en el bolso,

debo estar lista para la audición.

  Sé que sonó mal lo que acabo de decir, pero esta presentación es muy importante para mí. Mis padres lo saben, pero sus trabajos son demasiado ocupados, me prometieron llegar y jamás me han fallado.

   Obtener una

beca para Juilliard ha sido mi sueño desde que tengo memoria, y para lograrlo

me he preparado en la interpretación de la Reina de la noche en la Flauta

Mágica de Mozart.

   Siento que el

vestido me aprieta, que la corona me pincha el cuero cabelludo, que el sudor

frío hará correr mi maquillaje…

   Mi profesora

llega junto a mí y de inmediato pregunto:

   — ¿Mi mamá?

—Ella niega con la cabeza.

   —Jennifer,

respira —Me ordena y ella misma toma la bocanada de aire que necesito, yo la

imito—. Lo harás genial —me dice tomando mis manos en las suyas.

   —Estoy nerviosa

—le confesé. De hecho estoy temblando.

   —No tienes por

qué estarlo, eres una soprano talentosa, ellos se sorprenderán al ver tu

interpretación.

   —Quería ver a

mis padres sentados frente a mí.

   —Ya luego

estarán en todos los conciertos que te esperan, sal, consigue tu entrada a

Juilliard, ellos estarán orgullosos.

   Tomé aire y

caminé más allá del telón. Cuatro personas sentadas frente al escenario me

observaban. Son el comité de admisión. Y entre ellos está el hombre más

precioso que existe.

   Richard

Calhoun. No me conoce, pero yo he seguido su brillante carrera en las tablas: Bailarín,

intérprete y un prodigio. Es el profesor más joven que ha tenido el

conservatorio. Talentoso, apuesto, inteligente y proclamado como el mejor

cazatalentos de esta generación, tiene anteojos y me observa sobre ellos con

sus brillantes ojos oscuros, su cabello largo está atado en la nuca. Es tan

bello que solo con verlo me hace sonreír y sonrojar. La luz del escenario me

ilumina y ya no me deja verlo con la misma claridad.

   Mientras que

mis ojos se acostumbran al foco, el pianista toca los primeros acordes. Cierro

los ojos y la sala desaparece.

   Mi voz salió,

fuerte, clara, aguda como un cuchillo de cristal. Canté en alemán la hermosa

pieza que he practicado hasta perfeccionarla. Di giros y personifique mi papel,

vi junto al telón a mi profesora y amiga justo en el momento más difícil del

aria. Mi grito agudo salió como un relámpago, tan alto que me dolieron los

huesos, pero no me quebré, había tomado el aire preciso para lograrlo entero.

Me atreví a ver al jurado contener la respiración. 

   Richard

Calhoun, me observaba con la boca ligeramente abierta, esa mirada juré

retenerla eternamente en mi memoria.

   Respiré y de

nuevo elevé mi voz, ahora mirándolos a todos, segura de que mi interpretación

les había gustado. Yo, Jennifer Claire Cameron, acababa de abrir la puerta de

Juilliard.

   Finalizo y el

foco se apaga.

      —Excelente

interpretación— dijo Richard Calhoun, el palpitar de mi corazón era un tambor

que amenazaba con no dejarme escuchar su apreciación de mí—. Pero sin embargo…

   Casi me

desmayo, no quería decepcionarlo.

   — ¿Qué edad

tienes?

   —Cumpliré 19

años en tres semanas.

   —Vaya, eres una

niña —no sé cómo tomar su comentario, su voz fue dulce, pero que él, Richard

Calhoun, el hombre al que quería impresionar me llame niña, es deprimente.

   No luzco como

una niña, aunque este vestido no deje ver mis atributos, soy alta. Y estoy

enamorada hasta los huesos de él y me ve como niña.

   Detesto que me

digan niña…

   —Tu voz ya no

se puede mejorar —Mi espíritu cayó, no le parezco suficiente, le parezco una

niña—. ¿Aunque a dónde llegarías entonces, a los mismos dioses?

   Todos sonrieron

y yo dejé salir el aire que retenía con alivio, él continuó:

   —Me habría

gustado ver que sintieras lo que cantabas. ¿Tienes la traducción del aria?

   —Sí señor

—respondí.

   —La reina de la

noche es dolor, encarnado en el más puro sentimiento de todos, la ira, la

venganza… Fue una elección audaz y sin duda llenaste los requisitos vocales de

una excelente soprano. Confío en que con preparación puedas aportar el

sentimiento que ha hecho que esta obra sea inmortal.

   Un hombre mayor

junto a él se aclaró la garganta.

   —Señorita

Cameron, su interpretación ha sido excelente, bienvenida a Juilliard.

   Agradecí con

solemnidad y salí del escenario de manera sobria. Al llegar al área indicada me

esperaba mi profesora, solo de verla di un grito de emoción, abrió sus brazos y

nos abrazamos dando saltos de alegría.

   —Es el mejor

día de mi vida. Lo logré, entré a Juilliard. ¿Escuchaste lo que dijo Richard

Calhoun?

   El teléfono de

mi profesora suena en su bolsillo y estaba segura que era mi madre, me aparté

para que ella tomara la llamada.

   Atendió entre

risas, dijo: “lo logró”; pero después caminó lejos de mí.

   —Barbie, ¿es mi

mamá? —Caminé detrás de ella.

   Bárbara me miró

con la conmoción pintada en su rostro.

   —Jen, tus

padres.

   — ¿Qué pasó con

mis padres?

   —Su

helicóptero, ellos venían para acá, pero…

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